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Rogelio Castellanos

Psicólogo y Sexólogo

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Psic. Rogelio Castellanos

Deseo sexual bajo: causas psicológicas y cuándo consultar a un sexólogo

Deseo sexual bajo: causas psicológicas y cuándo consultar a un sexólogo

by Psic. Rogelio Castellanos · Jun 3, 2026

El deseo sexual bajo es una de las consultas más frecuentes en terapia sexual y terapia de parejas. Muchas personas llegan al consultorio con una pregunta dolorosa: “¿Por qué ya no tengo ganas?”. Otras llegan acompañadas por su pareja, atrapadas en una dinámica de reclamos, rechazo, culpa y distancia emocional.

Pero el deseo sexual no funciona como un interruptor que simplemente se prende o se apaga. Desde la psicología y la sexología clínica, se entiende como un fenómeno complejo influido por factores emocionales, relacionales, físicos, culturales y contextuales. La Organización Mundial de la Salud, en la clasificación ICD-11, describe las disfunciones sexuales como dificultades para experimentar actividades sexuales satisfactorias y no coercitivas, reconociendo que la respuesta sexual depende de la interacción entre procesos psicológicos, interpersonales, sociales, culturales y fisiológicos. (Find-A-Code)

Por eso, cuando el deseo disminuye, no conviene pensar automáticamente: “ya no amo a mi pareja” o “algo está mal conmigo”. A veces el deseo bajo es una respuesta comprensible al estrés, al cansancio, a conflictos de pareja, a ansiedad, depresión, resentimientos acumulados, problemas de comunicación sexual o experiencias pasadas no resueltas.

En este artículo veremos qué dice la investigación científica sobre el deseo sexual bajo, cuáles son sus causas psicológicas más comunes, cómo afecta a la pareja y cuándo es recomendable buscar ayuda de un psicólogo, psicoterapeuta, sexólogo o especialista en terapia sexual.

¿Qué es el deseo sexual bajo?

El deseo sexual bajo se refiere a una disminución o ausencia persistente del interés, motivación o disposición hacia la actividad sexual. Puede incluir poca frecuencia de pensamientos eróticos, escaso interés en iniciar encuentros sexuales, dificultad para responder a estímulos eróticos o pérdida del deseo una vez iniciada la intimidad.

Sin embargo, es importante aclarar algo: tener menos deseo sexual no siempre es un problema clínico. El deseo cambia a lo largo de la vida. Puede disminuir durante etapas de estrés, duelo, enfermedad, embarazo, posparto, menopausia, problemas laborales, conflictos de pareja o cansancio extremo.

Desde una perspectiva clínica, suele considerarse más relevante cuando la disminución del deseo causa malestar personal, sufrimiento en la relación o deterioro significativo en la vida sexual. La literatura científica sobre bajo deseo sexual en mujeres señala que no existe una única causa establecida y que, en algunos casos, los síntomas pueden reflejar respuestas adaptativas a circunstancias vitales específicas, no necesariamente una “enfermedad” que deba medicalizarse de inmediato. (Dr Lori Brotto)

Por eso, un buen sexólogo o psicoterapeuta no debería preguntar solo “¿cuántas veces tienes sexo?”, sino también: ¿cómo te sientes con tu deseo?, ¿hay presión?, ¿hay placer?, ¿hay conflicto?, ¿hay dolor?, ¿hay conexión emocional?

El deseo sexual no es igual en todas las personas

Uno de los errores más comunes es creer que todas las personas deberían experimentar el deseo de la misma manera. Algunas sienten deseo de forma espontánea: aparece sin necesidad de mucha estimulación previa. Otras experimentan deseo de forma más responsiva: surge después de caricias, cercanía emocional, erotismo, seguridad o estimulación adecuada.

Esto es clave en terapia sexual, porque muchas personas creen que “no tienen deseo” cuando en realidad no están recibiendo las condiciones emocionales, físicas o relacionales que facilitan su deseo.

En parejas de larga duración, el deseo espontáneo puede disminuir, mientras que el deseo responsivo puede volverse más importante. Esto no significa que la relación esté condenada, sino que la sexualidad necesita más intención, comunicación y cuidado.

La idea romántica de que “si hay amor, el deseo debe aparecer solo” puede hacer mucho daño. En relaciones reales, el deseo se construye también con descanso, intimidad, seguridad, juego, conversación, novedad y ausencia de presión.

Causas psicológicas del deseo sexual bajo

  1. Estrés crónico y agotamiento emocional

El estrés es uno de los grandes enemigos del deseo sexual. Cuando una persona vive en estado de alerta constante, su cuerpo prioriza la supervivencia, no el placer. Preocupaciones económicas, sobrecarga laboral, responsabilidades familiares, problemas migratorios, duelos o cansancio acumulado pueden reducir significativamente la energía erótica.

El deseo sexual requiere cierto nivel de disponibilidad mental y corporal. Si la mente está saturada de pendientes, amenazas o preocupaciones, es difícil conectarse con el placer.

En terapia, muchas personas descubren que no han perdido su sexualidad, sino que están viviendo en un estado de agotamiento permanente. En esos casos, la intervención no se centra únicamente en “tener más sexo”, sino en reducir la sobrecarga, recuperar el descanso y reconectar con el cuerpo.

  1. Ansiedad y miedo al desempeño sexual

La ansiedad sexual aparece cuando la persona vive la intimidad como una prueba que debe aprobar. Puede preguntarse: “¿voy a excitarme?”, “¿voy a tener una erección?”, “¿voy a lubricar?”, “¿voy a llegar al orgasmo?”, “¿mi pareja se va a decepcionar?”.

Cuando la sexualidad se convierte en examen, el deseo disminuye. La atención se desplaza del placer hacia la vigilancia. En lugar de sentir, la persona se observa. En lugar de disfrutar, evalúa su rendimiento.

Este fenómeno es muy frecuente tanto en hombres como en mujeres. En hombres puede relacionarse con dificultades eréctiles o eyaculación rápida. En mujeres puede aparecer junto a dificultad de excitación, dolor, baja lubricación o desconexión corporal.

Un psicólogo o terapeuta sexual puede ayudar a reducir la ansiedad de desempeño, cambiar creencias rígidas sobre la sexualidad y recuperar una relación más placentera con el cuerpo.

  1. Depresión y pérdida de interés general

La depresión suele afectar el deseo sexual porque reduce la energía, la motivación, el placer y la capacidad de disfrutar actividades que antes resultaban satisfactorias. No se trata solamente de “tristeza”, sino de un cambio profundo en el sistema emocional y motivacional.

Una persona con depresión puede amar a su pareja y, aun así, no sentir deseo sexual. También puede sentirse culpable por no responder sexualmente, lo que aumenta el malestar y empeora la distancia.

Además, algunos medicamentos utilizados para tratar la depresión o la ansiedad pueden afectar el deseo, la excitación o el orgasmo. Esto no significa que deban suspenderse sin supervisión médica, sino que conviene hablarlo con un profesional de salud.

Aquí es importante un abordaje integral. El psicoterapeuta, el médico y, cuando sea necesario, el sexólogo pueden trabajar en conjunto para evaluar factores emocionales, relacionales y farmacológicos.

  1. Conflictos de pareja no resueltos

El deseo sexual no vive aislado de la relación. Muchas personas dejan de sentir deseo cuando se sienten heridas, ignoradas, criticadas, presionadas o emocionalmente solas.

La falta de deseo puede ser el síntoma visible de problemas más profundos: resentimiento, comunicación deficiente, distribución injusta de responsabilidades, ausencia de afecto, conflictos por crianza, celos, infidelidad o pérdida de confianza.

En terapia de parejas se observa con frecuencia que la sexualidad se apaga no porque falte atracción, sino porque sobra tensión. El cuerpo puede decir “no” cuando emocionalmente no se siente seguro.

La investigación sobre comunicación sexual muestra que hablar de sexualidad dentro de la pareja se relaciona positivamente con la satisfacción sexual y relacional. Una revisión meta-analítica encontró asociaciones positivas entre la comunicación sexual, la satisfacción sexual y la satisfacción de pareja. (ResearchGate)

  1. Presión, obligación y sexo por compromiso

Una de las formas más rápidas de apagar el deseo es convertir el sexo en una obligación. Cuando una persona siente que “debe cumplir”, “debe responder” o “debe evitar que su pareja se moleste”, la sexualidad deja de sentirse libre.

El deseo necesita consentimiento, seguridad y autonomía. La presión puede generar rechazo, evitación e incluso aversión al contacto íntimo. En estos casos, cada intento sexual puede sentirse como una amenaza, no como una invitación.

Esto no significa que la necesidad sexual de la otra persona no importe. Significa que el deseo no se puede forzar sin consecuencias emocionales. La terapia sexual ayuda a reconstruir un espacio donde ambos puedan hablar de sus necesidades sin imponer, culpar o perseguir.

  1. Imagen corporal y vergüenza sexual

La relación con el propio cuerpo influye mucho en el deseo. Una persona que se siente insegura, poco atractiva o avergonzada puede evitar el sexo para no sentirse expuesta.

La vergüenza sexual puede tener muchas raíces: educación restrictiva, experiencias de crítica, trauma, cambios corporales, envejecimiento, posparto, aumento de peso, disfunciones sexuales o mensajes culturales negativos sobre el placer.

En estos casos, el trabajo terapéutico no consiste solamente en mejorar la frecuencia sexual, sino en reconstruir una relación más amable con el cuerpo, el placer y la intimidad.

Un psicólogo o psicoterapeuta especializado en sexualidad puede ayudar a identificar creencias aprendidas que bloquean el erotismo.

  1. Historia de trauma o experiencias sexuales negativas

El deseo sexual puede verse afectado por experiencias de abuso, coerción, humillación, dolor o relaciones anteriores dañinas. A veces la persona no conecta conscientemente su historia con su falta de deseo actual, pero su cuerpo puede reaccionar con bloqueo, tensión o desconexión.

Cuando hay trauma, es fundamental no presionar. La terapia debe centrarse en seguridad, regulación emocional, consentimiento, límites y recuperación gradual de la confianza corporal.

No toda dificultad sexual viene de un trauma, pero cuando existe esta historia, el abordaje debe ser especialmente cuidadoso y profesional.

Deseo sexual bajo en la pareja: cuando uno quiere y el otro no

Una de las situaciones más comunes en terapia de parejas es la discrepancia de deseo: una persona quiere tener sexo con más frecuencia que la otra. Esto no significa automáticamente incompatibilidad sexual. De hecho, las diferencias de deseo son frecuentes en relaciones largas.

El problema aparece cuando la diferencia se convierte en una lucha de poder: uno persigue, el otro evita; uno se siente rechazado, el otro se siente presionado; uno reclama, el otro se cierra.

Un estudio de 2023 encontró que una mejor calidad de comunicación sexual diádica se relacionaba con menor discrepancia percibida de deseo sexual a través de una mayor satisfacción sexual. En otras palabras, no se trata solo de “tener el mismo nivel de deseo”, sino de cómo la pareja habla, negocia y comprende sus diferencias. (PMC)

Por eso, una pregunta útil no es únicamente: “¿quién tiene más deseo?”, sino: ¿cómo manejamos la diferencia sin herirnos?

Mitos que empeoran el deseo sexual bajo

“Si me ama, debería tener ganas”

El amor y el deseo están relacionados, pero no son lo mismo. Una persona puede amar profundamente y tener bajo deseo por estrés, ansiedad, depresión, dolor, conflictos o cambios hormonales.

“El deseo debe ser espontáneo”

En muchas personas, especialmente en relaciones estables, el deseo aparece después de iniciar una experiencia agradable, no antes. Esperar deseo espontáneo todo el tiempo puede generar frustración.

“El problema es solo físico”

A veces hay factores médicos, hormonales o farmacológicos. Pero también pueden existir causas psicológicas, relacionales y culturales. La evaluación debe ser integral.

“La solución es tener más sexo”

Forzar la frecuencia sin resolver presión, conflicto o desconexión puede empeorar el problema. Primero hay que construir seguridad, comunicación y placer.

“Ir a terapia sexual significa que estamos rotos”

Consultar a un sexólogo, psicólogo o terapeuta sexual no significa fracaso. Significa que la pareja está buscando herramientas profesionales para cuidar su intimidad.

¿Cuándo consultar a un sexólogo o terapeuta sexual?

Conviene buscar ayuda profesional cuando el bajo deseo genera sufrimiento personal, discusiones frecuentes, evitación del contacto físico, culpa, presión o deterioro de la relación.

También es recomendable consultar cuando:

  • El deseo sexual bajo dura varios meses y causa malestar.
  • Hay dolor durante las relaciones sexuales.
  • Existen problemas de erección, eyaculación, lubricación u orgasmo.
  • La pareja discute constantemente por la frecuencia sexual.
  • Hay ansiedad intensa antes o durante el sexo.
  • Existe historia de abuso, coerción o trauma sexual.
  • La persona siente rechazo, bloqueo o desconexión corporal.
  • Hay depresión, ansiedad o estrés crónico.
  • La sexualidad se vive como obligación y no como placer.
  • Después de una infidelidad, la intimidad se volvió difícil.

Un sexólogo clínico puede evaluar factores psicológicos, relacionales, médicos y sexuales. En algunos casos, también puede sugerir una evaluación médica para descartar causas hormonales, farmacológicas, ginecológicas, urológicas o neurológicas.

¿Qué se trabaja en terapia sexual?

La terapia sexual no consiste en obligar a la pareja a tener sexo. Tampoco se limita a dar “técnicas”. Un proceso serio evalúa la historia de la dificultad, las emociones asociadas, la relación de pareja, la comunicación, las creencias sexuales, la ansiedad, el placer, los límites y el contexto vital.

Entre los objetivos más frecuentes están:

Mejorar la comunicación sexual.

Reducir la ansiedad de desempeño.

Trabajar la presión y el miedo al rechazo.

Reconectar con el cuerpo y el placer.

Identificar bloqueos emocionales.

Fortalecer la intimidad no sexual.

Abordar diferencias de deseo en la pareja.

Reestructurar creencias negativas sobre la sexualidad.

Desarrollar encuentros eróticos más seguros, graduales y satisfactorios.

La evidencia sugiere que tratamientos psicológicos como la terapia cognitivo-conductual y los enfoques basados en mindfulness han sido estudiados para el bajo deseo sexual, especialmente en mujeres, con resultados prometedores en deseo y respuesta sexual. (PMC)


El papel de la terapia de parejas en el deseo sexual bajo

Cuando el deseo bajo ocurre dentro de una relación, muchas veces no basta con trabajar solo con una persona. La dinámica de pareja puede mantener el problema.

Por ejemplo, si una persona se siente presionada y la otra se siente rechazada, ambos sufren. Pero si no entienden el ciclo, cada uno puede culpar al otro.

La terapia de parejas ayuda a transformar el diálogo:

De “tú nunca quieres” a “me duele sentirme rechazado”.

De “solo piensas en sexo” a “me siento presionada y necesito seguridad”.

De “ya no me deseas” a “necesito entender qué está pasando entre nosotros”.

Este cambio de lenguaje puede parecer simple, pero tiene un gran impacto. La sexualidad mejora cuando la pareja deja de pelear por la frecuencia y empieza a hablar de deseo, miedo, conexión, placer y necesidades emocionales.

¿El deseo sexual bajo tiene tratamiento?

Sí, en muchos casos puede mejorar. Pero el tratamiento depende de la causa. No existe una solución única para todas las personas.

Si el origen principal es ansiedad, se trabaja regulación emocional, pensamientos anticipatorios y experiencias sexuales graduales. Si hay depresión, se aborda el estado de ánimo y la pérdida general de placer. Si hay conflicto de pareja, se trabaja comunicación, reparación y acuerdos. Si hay trauma, se prioriza seguridad y recuperación corporal. Si hay factores médicos, se requiere evaluación profesional.

En mujeres posmenopáusicas con trastorno de deseo sexual hipoactivo, existen guías clínicas específicas sobre el uso de testosterona sistémica en casos seleccionados, siempre con evaluación, indicación y seguimiento médico especializado. La International Society for the Study of Women’s Sexual Health publicó una guía clínica basada en evidencia sobre este tema. (ISSWSH)

Esto no significa que toda persona con deseo bajo necesite medicamentos. Significa que el abordaje debe ser integral y personalizado.

Qué puedes empezar a observar desde hoy

Antes de concluir que “ya no tienes deseo”, observa tu contexto:

¿Estoy descansando lo suficiente?

¿Estoy bajo mucho estrés?

¿Me siento emocionalmente cerca de mi pareja?

¿Hay resentimientos no hablados?

¿Siento presión para tener sexo?

¿Puedo hablar de sexualidad sin miedo?

¿Estoy disfrutando mi cuerpo o lo estoy juzgando?

¿Hay dolor físico?

¿Estoy deprimido o ansioso?

¿Tengo creencias de culpa o vergüenza sexual?

Estas preguntas no sustituyen la terapia, pero pueden ayudarte a comprender que el deseo sexual bajo casi nunca aparece sin contexto.

Recursos recomendados

Puedes ampliar información en sitios especializados como la Organización Mundial de la Salud, la International Society for the Study of Women’s Sexual Health, el Kinsey Institute y publicaciones científicas disponibles en PubMed Central. Estos recursos ofrecen información confiable sobre sexualidad, salud sexual, terapia sexual y disfunciones sexuales.

Conclusión

El deseo sexual bajo no debe entenderse como una falla personal ni como una prueba automática de falta de amor. La ciencia muestra que el deseo depende de múltiples factores: estrés, ansiedad, depresión, comunicación, seguridad emocional, historia sexual, salud física, creencias y calidad de la relación.

Cuando la falta de deseo genera sufrimiento, distancia o conflictos, consultar a un psicólogo, psicoterapeuta, sexólogo o especialista en terapia sexual puede ser una decisión valiosa. La terapia no busca imponer deseo, sino comprender qué lo bloquea y crear condiciones más sanas para el placer, la intimidad y la conexión.

El deseo no siempre se recupera con presión. Muchas veces se recupera con comprensión, seguridad, comunicación y cuidado.

Pregunta

¿Tu falta de deseo sexual es realmente ausencia de atracción, o podría ser una señal de estrés, presión, heridas emocionales o necesidades no expresadas?

Bibliografía

Brotto, L. A. (2017). Evidence-based treatments for low sexual desire in women. Revisión sobre causas y tratamientos del bajo deseo sexual femenino. Disponible en UBC. (Dr Lori Brotto)

Galizia, R., et al. (2023). Sexual Satisfaction Mediates the Effects of the Quality of Dyadic Sexual Communication on the Degree of Perceived Sexual Desire Discrepancy. Estudio sobre comunicación sexual, discrepancia de deseo y satisfacción. (PMC)

Meyers, M., et al. (2020). Psychological Treatment of Low Sexual Desire in Women. Revisión sobre tratamientos psicológicos, incluyendo terapia cognitivo-conductual y mindfulness. (PMC)

Parish, S. J., Simon, J. A., Davis, S. R., et al. (2021). International Society for the Study of Women’s Sexual Health Clinical Practice Guideline for the Use of Systemic Testosterone for Hypoactive Sexual Desire Disorder in Women. Journal of Sexual Medicine, 18(5), 849–867. (ISSWSH)

Reed, G. M., et al. (2016). Disorders related to sexuality and gender identity in the ICD-11. Revisión sobre cambios diagnósticos relacionados con sexualidad en ICD-11. (PMC)

World Health Organization / ICD-11. Definición general de disfunciones sexuales y reconocimiento de factores psicológicos, interpersonales, sociales, culturales y fisiológicos en la respuesta sexual. (Find-A-Code)

Publicado en: Sexualidad

¿Por qué discutimos tanto? Lo que la ciencia dice sobre los conflictos en la pareja

¿Por qué discutimos tanto? Lo que la ciencia dice sobre los conflictos en la pareja

by Psic. Rogelio Castellanos · Jun 3, 2026

Discutir en pareja no significa necesariamente que el amor se terminó. De hecho, todas las parejas tienen desacuerdos: por dinero, crianza de los hijos, sexualidad, tiempo libre, familia política, tareas del hogar o formas distintas de expresar afecto. El problema no es discutir, sino cómo se discute, qué heridas se activan durante el conflicto y si la pareja logra reparar el vínculo después de la tensión.

Desde la psicología, sabemos que los conflictos de pareja no aparecen “de la nada”. Muchas veces son el resultado de patrones repetidos de comunicación, necesidades emocionales no expresadas, estilos de apego, estrés acumulado y dificultades para regular las emociones. Por eso, cuando una pareja dice “siempre peleamos por lo mismo”, probablemente no está hablando solo del tema visible, sino de una dinámica más profunda.

En este artículo veremos, desde la investigación científica, por qué las parejas discuten tanto, cuáles son los patrones más destructivos, cuándo conviene buscar terapia de parejas y cómo un psicólogo o psicoterapeuta puede ayudar a transformar el conflicto en una oportunidad de conexión.

¿Discutir mucho significa que la relación está mal?

No necesariamente. Una pareja puede discutir y aun así tener una relación saludable, siempre que exista respeto, reparación emocional y disposición a escuchar. El conflicto es parte natural de cualquier vínculo íntimo porque dos personas no piensan, sienten ni necesitan exactamente lo mismo.

Lo que predice mayor deterioro no es la existencia del conflicto, sino la forma en que se maneja. La investigación sobre terapia de parejas muestra que ciertos patrones de interacción, como la crítica destructiva, la actitud defensiva, el desprecio y el bloqueo emocional, se asocian con mayor malestar relacional. Estos patrones han sido popularizados por el trabajo del Instituto Gottman como “los cuatro jinetes” de la relación: crítica, desprecio, defensividad y evasión o stonewalling. (The Gottman Institute)

Por eso, una pregunta más útil que “¿por qué discutimos?” sería: ¿qué hacemos emocionalmente cuando discutimos?

El conflicto visible casi nunca es el conflicto real

Muchas parejas creen que discuten por cosas simples: quién lavó los platos, quién llegó tarde, cuánto dinero se gastó o quién inició la intimidad sexual. Sin embargo, en terapia de parejas suele observarse que esos temas son solo la superficie.

Debajo de una discusión cotidiana pueden existir preguntas emocionales mucho más profundas:

“¿Soy importante para ti?”

“¿Me estás escuchando?”

“¿Puedo confiar en ti?”

“¿Te importa lo que siento?”

“¿Seguimos siendo un equipo?”

Cuando estas necesidades no se expresan de manera clara, aparecen reclamos, ataques, sarcasmos, silencios o distancia. La pareja termina peleando por el contenido, pero lo que realmente duele es la desconexión emocional.

La Terapia Focalizada en las Emociones, conocida como EFT por sus siglas en inglés, parte precisamente de esta idea: muchas discusiones repetitivas son ciclos negativos de interacción donde cada miembro intenta protegerse, pero termina activando más inseguridad en el otro. Estudios recientes describen la EFT como un tratamiento estructurado, basado en la teoría del apego, que busca reorganizar las respuestas emocionales y los patrones de interacción en parejas con malestar relacional. (Springer Nature Link)

Los 4 patrones que más dañan la comunicación en pareja

Uno de los aportes más conocidos en la investigación sobre relaciones de pareja es la identificación de patrones comunicacionales que deterioran el vínculo. Aunque cada pareja tiene su historia, estos cuatro estilos aparecen con frecuencia en relaciones con alto nivel de conflicto.

  1. Crítica: atacar a la persona en vez de hablar del problema

No es lo mismo decir: “Me sentí solo cuando no me avisaste que llegarías tarde” que decir: “Eres un irresponsable, nunca piensas en mí”.

La crítica convierte un problema específico en un ataque global contra la identidad de la pareja. Esto suele generar vergüenza, rabia o defensividad. En lugar de abrir una conversación, la crítica activa una reacción de protección.

Un psicólogo o psicoterapeuta puede ayudar a la pareja a transformar la crítica en una petición concreta. La diferencia es enorme: una crítica acusa; una petición orienta.

  1. Defensividad: responder como si todo fuera un ataque

La defensividad aparece cuando una persona siente que debe protegerse constantemente. Puede expresarse con frases como: “Yo no hice nada”, “tú también lo haces”, “siempre me culpas a mí” o “el problema eres tú”.

Aunque defenderse puede parecer natural, en exceso impide escuchar. La pareja deja de preguntarse “¿qué necesita el otro?” y se concentra en demostrar que tiene razón.

En terapia de parejas, este patrón se trabaja promoviendo responsabilidad emocional. No se trata de asumir culpas que no corresponden, sino de reconocer la parte propia dentro del ciclo conflictivo.

  1. Desprecio: el patrón más peligroso

El desprecio incluye burlas, sarcasmo hiriente, gestos de superioridad, humillaciones, insultos o miradas de desdén. Este patrón es especialmente dañino porque comunica: “yo estoy por encima de ti”.

El Instituto Gottman ha señalado el desprecio como uno de los predictores más fuertes de ruptura, precisamente porque erosiona el respeto básico. (The Gottman Institute)

Una relación puede sobrevivir a desacuerdos intensos, pero difícilmente se mantiene saludable si uno o ambos miembros se sienten humillados. Donde hay desprecio, la terapia debe enfocarse en reconstruir respeto, empatía y seguridad emocional.

  1. Evasión o bloqueo emocional

La evasión ocurre cuando una persona se cierra, se queda en silencio, cambia de tema, se va físicamente o deja de responder. A veces parece indiferencia, pero muchas veces es saturación emocional.

Cuando el sistema nervioso está sobrecargado, la persona puede entrar en modo de defensa: desconectarse para no explotar o para no sentirse vulnerable. El problema es que la otra parte suele interpretar ese silencio como abandono, frialdad o falta de amor.

Una estrategia clínica útil es aprender a hacer pausas reguladas: detener la discusión por unos minutos, calmar el cuerpo y volver al tema con mayor capacidad de escucha.

Por qué repetimos la misma pelea una y otra vez


Las parejas no repiten discusiones porque “no aprendan”, sino porque quedan atrapadas en ciclos automáticos. Uno persigue, el otro se aleja. Uno critica, el otro se defiende. Uno exige hablar, el otro se bloquea. Luego ambos terminan confirmando sus peores miedos.

Por ejemplo, una persona puede reclamar porque teme no ser importante. La otra se defiende porque siente que nunca es suficiente. Mientras más reclama una, más se cierra la otra. Mientras más se cierra una, más reclama la otra.

Este tipo de ciclo no se resuelve solo con “hablar mejor”. Requiere identificar qué emoción primaria está debajo: miedo, tristeza, vergüenza, soledad, inseguridad o sensación de rechazo.

Aquí la terapia de parejas puede ser especialmente útil. La Terapia Conductual Integrativa de Pareja, conocida como IBCT, trabaja tanto el cambio conductual como la aceptación emocional de diferencias persistentes. La evidencia señala que la IBCT y la terapia conductual tradicional de pareja pueden producir mejoras en satisfacción relacional, y que la IBCT incorpora estrategias de aceptación como parte central del tratamiento. (PMC)

El papel del apego en los conflictos de pareja

La forma en que discutimos también está influida por nuestra historia emocional. Las personas con miedo al abandono pueden volverse más intensas durante el conflicto. Las personas con miedo a la invasión o al rechazo pueden cerrarse, evitar hablar o minimizar sus emociones.

Esto no significa que la infancia determine para siempre la relación, pero sí puede influir en la manera en que interpretamos las señales de la pareja. Un mensaje no respondido puede sentirse como abandono. Una crítica puede sentirse como fracaso. Un silencio puede sentirse como castigo.

La terapia ayuda a distinguir entre el presente y las heridas anteriores. El objetivo no es culpar al pasado, sino entender por qué ciertas discusiones duelen tanto y cómo construir respuestas más seguras.

Conflictos de pareja, sexualidad y distancia emocional

Muchas parejas no conectan sus discusiones con su vida sexual, pero la relación existe. Cuando hay resentimiento, falta de comunicación o heridas no reparadas, la sexualidad puede verse afectada.

La investigación sobre comunicación sexual ha encontrado asociaciones positivas entre la comunicación sexual y la satisfacción tanto sexual como relacional. Una revisión meta-analítica reportó una relación positiva entre la comunicación sexual y la satisfacción de pareja, así como con la satisfacción sexual. (PMC)

Esto significa que hablar de sexualidad no es un lujo: es parte de la salud de la relación. Un sexólogo, psicólogo o terapeuta sexual puede ayudar cuando la pareja evita hablar de deseo, frecuencia sexual, fantasías, dolor, disfunciones sexuales o diferencias de necesidad erótica.

En muchas parejas, la sexualidad no se apaga por falta de amor, sino por exceso de tensión no resuelta.

¿Cuándo buscar terapia de parejas?

No hace falta esperar a estar al borde de la separación para buscar ayuda. De hecho, muchas parejas llegan demasiado tarde porque normalizan años de distancia emocional.

Conviene considerar terapia de parejas cuando:

La misma discusión se repite una y otra vez.

Hay insultos, desprecio o humillaciones.

Uno o ambos evitan hablar para no pelear.

La sexualidad se ha deteriorado por conflictos emocionales.

Hay resentimientos acumulados.

La crianza de los hijos se ha convertido en una fuente constante de tensión.

Existe una infidelidad o pérdida de confianza.

La pareja ya no sabe cómo reparar después de discutir.

Un psicoterapeuta no está para decidir quién tiene la razón. Su función es ayudar a comprender el ciclo, mejorar la comunicación, facilitar la regulación emocional y construir acuerdos más sanos.

Cómo discutir mejor: estrategias basadas en psicología

Habla desde la emoción, no desde el ataque

En vez de decir “tú nunca me valoras”, intenta expresar: “me siento poco importante cuando no tomas en cuenta lo que te digo”. La primera frase acusa; la segunda revela una experiencia emocional.

Hablar desde la emoción reduce la defensividad y abre la posibilidad de empatía.

Haz peticiones concretas

Muchas discusiones empeoran porque la queja es amplia: “quiero que cambies”, “quiero que seas diferente”, “quiero que te importe”.

Una petición concreta sería: “me gustaría que cenemos sin celulares tres veces por semana” o “necesito que me avises si vas a llegar tarde”.

Lo concreto permite actuar. Lo general suele generar frustración.

Aprende a pausar antes de dañar

Cuando la discusión sube demasiado, el cerebro pierde capacidad de escucha. En ese estado, muchas personas dicen cosas que luego lamentan.

Pausar no significa abandonar la conversación. Significa cuidar el vínculo. Una pausa sana incluye decir: “estoy muy alterado, necesito 20 minutos para calmarme y luego seguimos hablando”.

Repara después del conflicto

Las parejas saludables no son las que nunca se hieren, sino las que saben reparar. Reparar puede incluir pedir disculpas, validar la emoción del otro, aclarar malentendidos y comprometerse con un cambio específico.

Sin reparación, los conflictos se acumulan como deudas emocionales.

No uses la separación como amenaza constante

Amenazar con terminar la relación en cada discusión genera inseguridad. Si la separación aparece como castigo, la pareja empieza a vivir el conflicto con miedo, no con apertura.

Cuando hay dudas reales sobre continuar, deben hablarse con seriedad, no usarse como arma durante una pelea.

El conflicto también puede ser una puerta de crecimiento

Aunque parezca contradictorio, discutir puede ayudar a una pareja si se hace de forma respetuosa. El conflicto revela necesidades, límites, heridas y deseos que quizá estaban ocultos.

Una discusión bien trabajada puede llevar a mayor intimidad emocional. Puede ayudar a que ambos se conozcan mejor, negocien acuerdos más justos y fortalezcan el compromiso.

Pero para eso es necesario dejar de ver el conflicto como una guerra. En una relación sana, el objetivo no es ganar la discusión, sino proteger el vínculo mientras se resuelve el problema.

Recursos recomendados

Puedes profundizar más en estos temas en sitios especializados como el Gottman Institute, el International Centre for Excellence in Emotionally Focused Therapy y los recursos clínicos sobre terapia de pareja basada en evidencia del U.S. Department of Veterans Affairs. Estas fuentes ofrecen información útil sobre comunicación, apego, terapia de parejas y modelos de intervención con respaldo científico. (The Gottman Institute)

Conclusión

Las parejas no discuten demasiado solo porque sean incompatibles. Muchas veces discuten porque no saben expresar necesidades emocionales, porque repiten patrones defensivos o porque han acumulado heridas sin reparar.

La ciencia muestra que lo más importante no es evitar todo conflicto, sino aprender a manejarlo con respeto, regulación emocional y comunicación clara. Cuando aparecen crítica, desprecio, defensividad o evasión constante, la relación puede deteriorarse, pero también puede mejorar con ayuda profesional.

Buscar terapia de parejas con un psicólogo, psicoterapeuta, sexólogo o terapeuta sexual no significa que la relación fracasó. Puede ser una decisión madura para cuidar el amor, la sexualidad, la comunicación y la salud emocional de ambos.

Pregunta

¿La próxima vez que discutas con tu pareja, podrías preguntarte: “qué necesidad emocional estoy intentando expresar, pero no estoy sabiendo comunicar”?

Bibliografía

Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. Investigaciones sobre Terapia Conductual Integrativa de Pareja y resultados en satisfacción relacional. Resumen disponible en NIH/PubMed Central. (PMC)

Gottman Institute. Modelo de los “cuatro jinetes” de la comunicación destructiva: crítica, desprecio, defensividad y evasión. (The Gottman Institute)

Mallory, A. B. Revisión meta-analítica sobre comunicación sexual, satisfacción sexual y satisfacción de pareja. (PMC)

Rodríguez-González, M. y colaboradores. Investigación sobre Terapia Focalizada en las Emociones para parejas con malestar relacional. (Springer Nature Link)

U.S. Department of Veterans Affairs. Información clínica sobre Integrative Behavioral Couples Therapy como tratamiento basado en evidencia para el malestar relacional. (MIRECC)

Publicado en: Uncategorized

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Publicado en: Journal

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Keeping it Simple

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by Psic. Rogelio Castellanos · Oct 27, 2015

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Minimalist Fashion

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by Psic. Rogelio Castellanos · Oct 27, 2015

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How to Be Frugal with Your Finances

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by Psic. Rogelio Castellanos · Oct 27, 2015

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